martes, 30 de abril de 2013

Tú voz

Has pasado los meses anteriores o incluso años trabajando. Solo tú y algunas personas cercanas a ti lo saben. Has rellenado centenares de hojas en blanco con pasiones e ilusiones. Has compartido con tu obra dolor y alegría. Lágrimas y sonrisas. Durante el proceso de creación has vivido en un mundo imaginario que tú solo conoces y te fascinaba. No es imaginario. Para ti no lo es. Existe en tu mente. Y claro, ahora quieres compartirlo. Es comprensible.

Lo has intentado. Probaste todo tipo de caminos y no has logrado que ninguna de las puertas que se encuentran al final —agencias y editoriales—, se abra. Delante del borrador de tu trabajo sientes un profundo dolor, sientes una terrible impotencia, sientes que alguien te ha robado tu voz. ¡Enhorabuena!

Muchas personas se sorprenderán al leer esta exclamación. ¿Cómo puede felicitarme esta persona insensible por tan rotundo fracaso? Sí lo hago. ¿Por qué? Porque ahora he descubierto que tu ilusión no un sueño breve y pasajero. Te duele. Te entristece que nadie pueda escucharte. Te desgarra el alma que no tengas la oportunidad de poder comunicarte a través de tus obras. Y por eso ahora sé que tienes la fuerza interior para cambiar la situación. Solo falta que utilices esa energía devastadora, esa que arrasa tu ilusión, para seguir adelante. Aprender, mejorar, crecer y usar tu dolor para hacer que esa voz, ahora muda, acabe gritando en los escaparates de las librerías. Resonando con fuerza en los oídos de muchos lectores.

¡Ánimo!. Busca alguien que te ayude a hacerla irrechazable. O si es necesario, guarda esa obra, olvídate un poco de ella —ya la retomaras— y escribe una nueva. Una donde sacar lo mejor de ti y seguir aprendiendo. Una donde volver a ilusionarte viviendo algo tan maravilloso como es crear un mundo imaginario y poder vivirlo. Sin perder tu humildad. Esa que te permite no encerrarte en ideas y aprender más, siente como los lectores como yo, que nos gusta descubrir nuevas voces, somos desdichados. Nos estamos perdiendo tú trabajo. Y necesitamos que no te rindas.

Un fuerte abrazo.

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