miércoles, 13 de marzo de 2013

SUEÑOS DE ESCRITOR


¿Sueñas? ¿Quién no ha soñado alguna vez?

Desde que tienes uso de razón o tal vez desde un suceso puntual en tu vida, una inquietud comenzó a ser compañera tuya: «quiero escribir». Y decidido cómo se que lo eres, comenzaste. Entonces, durante las largas horas a solas, comienzas a imaginar mundos, a dar vida a personajes, escenas, romances, dramas, batallas crueles con finales felices o no tanto. Te sumerges tanto en tu propia historia, que por momentos desconectas de todo. El tiempo y el espacio real desaparecen. Solo existe el tiempo y el espacio de la historia que se dibuja en tu mente. Por momentos solo existes tú y tus personajes llenos de vida que no se detienen mostrándote un mundo nuevo. Vives historias que quisieras vivir o es posible que no quisieras. Te trasportas a países que quisieras visitar o que quisieras que existiesen. Como un sueño lúcido diriges la imaginación dando origen a una chispa y en segundos te vuelves notario de lo que en ese nuevo lugar sucede. Te sientes genial. Es una experiencia extraordinaria. El resultado es interminables hojas de sucesos, diálogos, encuentros, desencuentros, trasformaciones y por fin, un manuscrito. ¡Enhorabuena!

Un momento fantástico llega. Después de tediosas correcciones, ajustes y cambios, satisfecho lo imprimes. Con ese buen tocho de papel encuadernado en tus manos, orgulloso lo muestras. Algunos amigos, familiares, lo leen. «¡Es fantástico!» te aseguran. Y en ese momento, el sueño de que ese libro acabe en manos de cientos de lectores, en librerías y ebooks, adquiere una forma sólida. Lo deseas. Esa sensación que provoca el trabajo bien hecho, te hace sentir bien. Decides probar suerte. Nada más pulsar el botón de enviar de tu cuenta de correo, comienzas a visualizar una pronta respuesta afirmativa por parte de agentes y editores. Te imaginas que te llama el editor sorprendido y diciéndote que tú obra es fantástica. Te sientes emocionado al darle la noticia a familiares y amigos. Morfeo, dios del sueño, te ayuda a verte junto a ellos rodeándote con tu creación en sus manos. Quieren que se los firmes. Pronto lo hacen infinidad de desconocidos. Todos te alagan. Algunas personas se emocionan contigo. Otras consiguen vivir en el mundo que tú has creado; les atrapa y fascina. Tal vez haya gente que les ayudes a través de tus palabras. Alguno que otro te crítica. No te importa. Ya eres escritor. Has logrado un hueco en el mundo de libro. Lo que soñabas. Aunque en verdad sabes que todavía es solo un sueño.

Pronto despiertas. La realidad es diferente. Solo los más afortunados o talentosos, lo consiguen de forma tan fácil. Las respuestas de los editores no llegan. Las que llegan son ambiguas o sencillamente son respuestas tipo. Y cuando tus familiares y amigos te preguntan por cuándo va a ver la luz tu trabajo, te desesperas. Si no llevas cuidado, si eres impaciente y poco perseverante, es posible que un sueño como este se vuelva pesadilla. Pesadilla que como todas quieres que rápidamente desaparezca de tu pensamiento. Te hace sentir mal.

Pronto, los destructores de sueños —así yo les llamo—, aprovechándose de tus dudas se hacen presentes. Te dicen que eso es muy difícil o en el peor de los casos imposible. Te comentan que has de ser muy bueno para lograrlo. Solo unos pocos lo logran. La suerte influye. No vale la pena tanto esfuerzo. Y un largo etcétera… Recuerdo que en mi segundo libro, agradecido por las personas que me ayudaron con el primero, decidí incluir un agradecimiento a libreros, distribuidoras, etc. El corrector de la editorial, amable me dejó una notita junto a mi agradecimiento: «Ahórrate agua y jabón. Ninguno de ellos te va a ayudar»... Entonces, si los escuchas, las dudas comienzan. Ha llegado el momento más difícil y decisivo: has comenzado a creerles.
 
Muchas personas a lo largo de su vida fracasan en el camino hacia sus sueños. Por no decir una inmensa mayoría. Entonces mucho se formulan una pregunta: «¿Por qué?». Y es posible que no encuentren más que respuestas destructivas o dramáticas: No se puede. Es imposible. Fue una estupidez. Una pérdida de tiempo. Los sueños no existen… Lo lamento si es así. Yo no soy de los que se hacen esta pregunta. Yo soy de los que perseveran. Yo soy de los que tratan de aprender el por qué las cosas no funcionan. Trato de alentarme, sobreponerme y superarme. No me rindo. Y a cambio de realizarme esa pregunta; yo me duermo cambiándola ligeramente: «¿ Y por qué no?».

Por eso, si eres como yo, y Zeus no me fulmina como a Morfeo por revelar los secretos a los mortales a través de los sueños, puedes contar conmigo. Te ayudaré en la medida de lo que pueda. Pero lo que si te pido es que no abandones tus sueños. Tú eres el creador de ellos. Y si sinceramente no lo deseas. Si tienes un mínimo de valor y fuerza… nadie tiene el suficiente poder para destruirlos. Nunca lo olvides.
 Ánimo y un fuerte abrazo.

 

1 comentario:

  1. Añado un matiz extra a esta carrera de fondo que es escribir: que lo más importante y satisfactorio sea el camino y rozar la meta, no lo que pase a continuación.

    PD

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