jueves, 11 de octubre de 2012

¿Por qué me rechazan? - parte I

Vayamos un paso más...

Y esto solo es una página...
Un amigo que trabajó por un tiempo en una editorial, me contó que el 70-80% de los manuscritos que llegaban sin ser solicitados, no son publicables. Inmadurez de la obra, errores de bulto, faltas de ortografía abundantes, fallos graves de estructura, incoherencias, falta de cohesión... Si damos por descontado que hemos acertado con la temática de nuestra trabajo, generando la intención de valorarlo, un sin fin de fallos pueden provocar que el agente o la editorial aparte sus ojos de la obra —independientemente de que el texto pudiese acabar teniendo un gran valor. Por lo general, antes de decidir si el texto es leído por un lector externo o es olvidado, les basta con ojear un pequeño fragmento para decidir. Por descontado que una temática que no le resulte atractiva acaba por igual sin respuesta. Pero este detalle nos avisa que debemos hacer lo posible por cuidar al máximo nuestro trabajo.

Por ejemplo, un fallo común es no leer la obra en voz alta. Al hacerlo, de forma natural, tendemos a puntuar el texto de forma inconsciente. Si nos quedamos sin oxígeno al leer nuestras frases o hacemos paradas que no están puntuadas en el texto, sin necesidad de ser un profesional de la corrección, podemos darnos cuenta que algo falla. Leed los textos siempre en voz alta una vez terminados. Vereis como sin daros cuenta, encontrais fallos en la puntuación, alteraciones en la forma natural de estructurar nuestras frases y falta de acotaciones en los diálogos que provocan que el lector no sepa quien habla. Entre otros.

Muchos escritores reconocidos —pese a su gran nivel— usan correctores y lectores para revisar sus trabajos. Los escritores noveles, por falta de recursos, no solemos contar con esta ayuda profesional. Se dice que un texto que se lee con facilidad no es debido a la capacidad del escritor, sino a lo revisado y trabajado que está. Cuanto más revisado, mejor se lee. Y eso es algo que debemos tener en cuenta. Debemos demostrar que vamos en serio. Ir en serio, significa trabajo y trabajo. Escritura y reescritura. Revisión y corrección. Las que haga falta.

Cuando presenté uno de mis primeros trabajos para un informe, me dijeron que el texto solo era el borrador de una buena novela. Familiares, amigos e incluso algún escritor dijeron que la obra era estupenda. Nada más lejos de la realidad. Yo, como lector, tampoco fui capaz de ver la diferencia entre un borrador y un trabajo bien desarrollado. Cuidado con esto. Tras volverlo a leer con el ojo crítico, me di cuenta de como mi impaciencia no me había dejado ser objetivo. Suele ser díficil para uno mismo. Después, tras un largo proceso de reescritura, tras corregir todo aquello que el informe remarcaba como negativo, la obra recibió una valoración alta. Ya estaba un poco más madura. Y este texto inicial, siempre tratado con indiferencia o respuestas tipo como: «la obra no encaja con la línea editorial» —en editoriales que precisamente publican este tipo de texto—, pasó a ser aceptado para valoración en el 30% de los intentos. Incluso para agencias o editoriales que se suponían saturadas. Sin duda algo que confirma que un texto bien trabajado cuenta con mayores oportunidades.  

Trabajad vuestros textos y suerte con ellos!!!
Aunque todavía nos falta mucho más por conocer...

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